miércoles, 24 de septiembre de 2014



EXPERIENCIA COMO LECTOR Y COMO DOCENTE


Leer nos abre las puertas a infinidad de mundos que no son el nuestro y nos permite vivir mediante nuestra imaginación, aventuras que probablemente nunca estarán a nuestro alcance. Amplía nuestros horizontes, educa nuestra sensibilidad, nos enriquece como personas. 

Pero la lectura, la experiencia lectora, no consiste sólo en lo que descubrimos en las páginas de los libros, ni en las imágenes que se van formando en nuestra mente a medida que vamos descifrando esos símbolos convencionales que llamamos escritura.

 Además del libro que leemos en un momento dado, e inseparable de él, está el entorno en que lo leemos, el momento de nuestra vida en que accedemos a su contenido, incluso la estación del año en que devoramos esa novela, o el olor peculiar de la habitación en que lo hicimos. 

Todos los estímulos tanto sensoriales y emocionales forman parte de la la experiencia lectora. Y que nos acompañarán de por vida -al menos en el caso de aquellas lecturas que han resultado importantes y agradables para nosotros-, de modo que cada libro traerá consigo no sólo la historia que contenida, sino las circunstancias que rodearon su lectura e incluso a la persona que éramos cuando lo leímos.



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